El capítulo 9 del Evangelio de Mateo presenta una serie de milagros que demuestran la autoridad y el poder de Jesús sobre la enfermedad, la naturaleza e incluso la muerte. En medio de esta intensa actividad, surge un encuentro que se distingue por su intimidad y por la pregunta fundamental que plantea. Después de que dos hombres ciegos lo siguen, clamando por misericordia, Jesús los confronta no con un acto inmediato de poder, sino con un sondeo de su fe. El pasaje de Mateo 9:28 captura este momento crucial: “Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó: ¿Creen que puedo sanarlos? Sí, Señor, le respondieron”. Esta interacción ofrece una profunda enseñanza sobre la relación entre la fe y la intervención divina.
El Contexto del Milagro
Para apreciar plenamente la pregunta de Jesús, es necesario entender el escenario. Los hombres ciegos no se encontraron con Jesús por casualidad. Lo habían estado siguiendo, una tarea nada fácil para personas con su discapacidad, y habían estado gritando: “¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!”. Su uso del título “Hijo de David” era significativo: reconocían a Jesús no solo como un sanador, sino como el Mesías prometido del linaje real de David, a quien los profetas anunciaron que abriría los ojos de los ciegos.
El milagro no ocurre en la calle, a la vista de todos. Jesús espera hasta estar dentro de una casa. Este cambio de un espacio público a uno privado es intencional. Traslada el evento de un posible espectáculo a un encuentro personal y enfocado. Lejos del ruido de la multitud, Jesús puede dirigirse a la raíz de su necesidad, que no era solo física, sino también espiritual. En la quietud de esa habitación, la atención se centra por completo en la fe de los hombres. [Link: El poder sanador de Jesús en los Evangelios]
La Pregunta Clave: Un Examen de la Fe
La pregunta de Jesús es notable por lo que no pregunta. No les pregunta si quieren ver. Su deseo era evidente en su persistente persecución y sus súplicas. En cambio, les pregunta si creen en su capacidad para hacerlo. “¿Creen que puedo sanarlos?” Con esto, Jesús redirige el foco de su desesperado deseo a la fuente de su esperanza.
Este es el corazón del pasaje. La fe que Jesús busca no es un vago optimismo ni una simple esperanza de que las cosas mejoren. Es una confianza específica y personal en Él. Les pide que afirmen su creencia de que Él, el hombre que estaba delante de ellos, posee el poder divino para restaurar su vista.
¿Qué Tipo de Fe Busca Jesús?
La fe que se describe aquí va más allá de un asentimiento intelectual. Implica una confianza radical. Para esos hombres, significaba creer que las leyes de la naturaleza, que los habían condenado a la oscuridad, estaban sujetas a la autoridad de Jesús. Era una fe que reconocía la divinidad en la persona de Cristo, una convicción de que en Él residía el poder mismo de Dios. No estaban apelando a un poder abstracto, sino a una persona concreta en quien habían depositado su confianza. [Link: La deidad de Cristo]
La Respuesta: “Sí, Señor”
La respuesta de los ciegos es tan profunda como simple: “Sí, Señor”. No hay vacilación, ni negociación, ni duda. Es una confesión de fe directa y absoluta. La palabra “Señor” (Kyrios en griego) puede usarse como señal de respeto, pero en el contexto de la identidad de Jesús como “Hijo de David”, adquiere un significado mucho más profundo, reconociendo su autoridad divina. Su “sí” no era solo una respuesta a una pregunta; era una declaración de su completa confianza en quién era Jesús y en lo que podía hacer.
”Conforme a su Fe”: El Vínculo entre Creer y Recibir
Inmediatamente después de su confesión, Jesús actúa. “Entonces les tocó los ojos, diciendo: Que se haga con ustedes conforme a su fe” (Mateo 9:29). La sanación está directamente condicionada a la fe que ellos acababan de profesar. Este principio es fundamental en todo el ministerio de Jesús.
Es crucial entender correctamente esta conexión. No fue la fe de los hombres lo que los sanó. La fe, en sí misma, no tiene poder. El poder residía únicamente en Jesús. Sin embargo, su fe fue el canal a través del cual el poder de Jesús se manifestó en sus vidas.
La Fe como un Canal, no como la Fuente
Podemos pensar en la fe como la tubería que lleva el agua, pero no es la fuente del agua. Una tubería no crea agua, sino que es el conducto necesario para que fluya. De manera similar, nuestra fe no genera el poder milagroso de Dios, pero es la condición que Él a menudo requiere para que ese poder opere en nuestras circunstancias. Esto nos protege de la idea errónea de que si logramos “creer lo suficiente”, podemos obligar a Dios a actuar. La verdadera fe no busca manipular a Dios, sino confiar en su soberanía, poder y bondad, sometiéndose a su voluntad. [Link: ¿Qué es la fe según la Biblia?]
Lecciones Prácticas del Encuentro en Mateo 9:28
Este breve pasaje ofrece varias lecciones prácticas para cualquiera que busque la intervención de Dios en su propia vida.
La Persistencia en la Búsqueda
Los hombres ciegos no se rindieron. Siguieron a Jesús a pesar de los obstáculos. A menudo, el primer paso en el camino de fe es simplemente la perseverancia: buscar a Dios continuamente a través de la oración y el estudio de su Palabra, incluso cuando la respuesta no es inmediata.
La Importancia del Encuentro Personal
Jesús los llevó a un lugar privado. Aunque la adoración comunitaria es vital, hay un valor inmenso en llevar nuestras necesidades más profundas a Dios en momentos de oración personal y sin distracciones. Es en esa quietud donde a menudo podemos escuchar su voz con mayor claridad y presentarle nuestro corazón honestamente. [Link: La oración personal y su importancia]
La Confesión de Nuestra Creencia
Jesús les pidió que verbalizaran su fe. Hay algo formativo en articular nuestra confianza en Dios. Ya sea en oración privada o al compartir con otros nuestra confianza en su carácter y sus promesas, poner en palabras lo que creemos clarifica y fortalece la fe misma. Los ciegos de Mateo 9:28 nos enseñan que la fe no permanece en silencio: se declara, se confiesa y se entrega a aquel en quien está puesta.