Al buscar el pasaje de Mateo 3:28, es posible que nos encontremos con una pequeña confusión, ya que el capítulo 3 del Evangelio de Mateo contiene únicamente 17 versículos. Es una situación común al estudiar las Escrituras; los números de los capítulos y versículos pueden ser fáciles de recordar incorrectamente. Sin embargo, esta búsqueda a menudo nos conduce a otros pasajes bíblicos de profunda importancia que resuenan con el número 28. Lo más probable es que la intención de la búsqueda apunte a un versículo cercano en contenido o numeración, como Marcos 3:28 o el final del mismo Evangelio de Mateo.

Exploremos juntos los posibles destinos de esta búsqueda para encontrar la riqueza espiritual que contienen. Analizaremos los textos que con mayor frecuencia se asocian a este error común, desentrañando su significado y aplicación práctica para nuestra vida.

El Perdón y la Blasfemia en Marcos 3:28

El candidato más probable para la búsqueda de “Mateo 3:28” es, en realidad, Marcos 3:28. Los evangelios sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, a menudo narran los mismos eventos desde perspectivas ligeramente diferentes, y es fácil cruzar las referencias. En la Nueva Versión Internacional, Marcos 3:28 dice: “Les aseguro que todos los pecados y blasfemias se les perdonarán a todos los seres humanos”.

Este versículo es parte de una enseñanza crucial de Jesús sobre la naturaleza del perdón de Dios. Para entender su alcance, debemos mirar el contexto. Jesús estaba realizando milagros, y su poder era tan evidente que los maestros de la ley, en lugar de reconocer la obra de Dios, lo acusaron de estar poseído por Beelzebú, el príncipe de los demonios.

El Contexto de la Acusación

Los líderes religiosos se enfrentaban a una realidad innegable: Jesús tenía autoridad sobre la enfermedad y los espíritus malignos. En lugar de glorificar a Dios, atribuyeron su poder al diablo. La respuesta de Jesús es lógica y contundente. Les explica que un reino dividido no puede subsistir; si Satanás estuviera expulsando a sus propios demonios, su reino se habría derrumbado.

Es en este ambiente de hostilidad y ceguera espiritual donde Jesús pronuncia las palabras de Marcos 3:28. Ofrece una promesa de perdón casi ilimitado. Todo pecado, toda palabra ofensiva contra Dios (blasfemia), puede ser perdonado. Esta es una manifestación radical de la [Link: gracia de Dios], que no pone condiciones previas al arrepentimiento.

¿Qué es la Blasfemia contra el Espíritu Santo?

Inmediatamente después de esta promesa, Jesús añade una advertencia solemne: “pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá jamás perdón, sino que será culpable de un pecado eterno” (Marcos 3:29). Este pasaje ha sido fuente de angustia para muchos creyentes. ¿Qué significa cometer este pecado imperdonable?

La clave está en el mismo contexto. Los maestros de la ley estaban presenciando la obra clara del Espíritu Santo a través de Jesús, pero conscientemente la rechazaban y la atribuían al mal. El pecado imperdonable no es una falla moral específica o una palabra dicha en un momento de ira. Es una postura del corazón, una dureza final e irreversible en la que una persona ve la luz de Dios, entiende lo que es, y deliberadamente la llama oscuridad. Es un rechazo tan definitivo a la obra del Espíritu que la persona se incapacita a sí misma para recibir el perdón, porque es el Espíritu Santo quien nos guía al [Link: arrepentimiento y la fe].

La Gran Comisión: Mateo 28:18-20

Otra posibilidad es que la búsqueda intentara referirse al final del Evangelio de Mateo. El capítulo 28 es la culminación de la narrativa, donde encontramos la resurrección de Jesús y sus instrucciones finales a los discípulos. Aunque no es el versículo 28, este pasaje es uno de los más conocidos y citados de todo el libro.

Jesús se acerca a sus discípulos en una montaña de Galilea y les dice: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.

Este pasaje, conocido como la Gran Comisión, es el mandato fundamental de la Iglesia.

Autoridad para la Misión

Jesús no envía a sus seguidores con las manos vacías. Su misión se fundamenta en Su propia autoridad universal. Esta autoridad, ganada a través de su vida, muerte y resurrección, valida y da poder a la tarea que encomienda. No es una misión humana, sino divina.

Los Tres Pilares de la Misión

El mandato se puede desglosar en tres acciones principales que definen la vida de la iglesia:

  1. Ir y hacer discípulos: No se trata solo de conseguir conversos, sino de formar seguidores de Jesús. Un discípulo es un aprendiz, alguien que camina con su maestro, aprende de él y busca ser como él. La misión es un proceso activo de enseñanza y modelado de una vida de fe.
  2. Bautizar: El [Link: bautismo] es el rito de iniciación que simboliza la unión del creyente con Cristo en su muerte y resurrección. Es una declaración pública de fe y pertenencia a la comunidad de creyentes, realizada en el nombre trinitario de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
  3. Enseñar a obedecer: La vida cristiana no termina en el bautismo. Es un camino continuo de aprendizaje y obediencia a las enseñanzas de Jesús. Esto implica un compromiso con las Escrituras y una vida de transformación personal.

La promesa final de Jesús, “estaré con ustedes siempre”, es el consuelo y la fuerza que sostiene a los creyentes en esta tarea.

El Mensaje Central de Mateo 3

Finalmente, es posible que el interés estuviera en el capítulo 3 de Mateo, pero con un número de versículo incorrecto. Este capítulo es fundamental, ya que prepara el escenario para el ministerio público de Jesús. Su figura central es Juan el Bautista, un profeta austero con un mensaje directo y poderoso.

El tema principal de Mateo 3 es el arrepentimiento. Juan clama en el desierto: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mateo 3:2). Este llamado no era una simple sugerencia para una mejora moral. Era una demanda urgente de un cambio radical de mente y corazón en preparación para la llegada del Mesías.

Juan bautizaba en el río Jordán, un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. Exigía una evidencia externa de la transformación interna, diciendo a los líderes religiosos: “Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento” (Mateo 3:8). La fe verdadera siempre se manifiesta en una vida cambiada.

El capítulo culmina con el bautismo de Jesús. Aunque Jesús no tenía pecado del cual arrepentirse, se sometió al bautismo de Juan “para cumplir con toda justicia” (Mateo 3:15). En este acto, se identificó con la humanidad pecadora a la que vino a salvar. En ese momento, los cielos se abrieron, el Espíritu Santo descendió como una paloma, y la voz del Padre declaró: “Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él” (Mateo 3:17). Este evento marcó el inicio oficial del ministerio de Jesús.

Aunque Mateo 3:28 no existe, la búsqueda nos abre las puertas a verdades esenciales del Evangelio. Ya sea el perdón radical ofrecido en Marcos 3:28, la misión global encomendada en Mateo 28, o el llamado al arrepentimiento en Mateo 3, cada uno de estos pasajes nos invita a profundizar en nuestra comprensión de Dios y a responder con fe y obediencia.