Quienes buscan el versículo mateo 1 28 en las Escrituras se encuentran con una pequeña sorpresa: el capítulo 1 del Evangelio de Mateo tiene solamente 25 versículos. Por lo tanto, el versículo 28 no existe en este capítulo. Frecuentemente, esta búsqueda es el resultado de una pequeña confusión con otro pasaje muy significativo de la Biblia, probablemente Génesis 1:28, que comparte el mismo número de versículo y trata temas de gran importancia.

Exploremos tanto el final del capítulo 1 de Mateo como el contenido de Génesis 1:28 para ofrecer una respuesta completa a la intención detrás de la búsqueda.

El Final del Capítulo 1 de Mateo

El primer capítulo del Evangelio de Mateo establece el linaje y el nacimiento de Jesús, presentándolo como el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. El capítulo termina en el versículo 25, que dice: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús”.

Este versículo final es la culminación de la narrativa del nacimiento. José, habiendo sido visitado por un ángel en un sueño, obedece a Dios. Toma a María como su esposa pero respeta la santidad del nacimiento virginal, un detalle que Mateo enfatiza para subrayar la concepción milagrosa de Jesús. Al nombrar al niño “Jesús”, que significa “Yahweh salva”, José cumple con la instrucción divina y acepta formalmente su papel como padre terrenal del Mesías. [Link: El papel de José en la vida de Jesús].

El capítulo, por lo tanto, cierra con la confirmación de la identidad de Jesús y la obediencia de José, sentando las bases para el ministerio que se desarrollará en los capítulos siguientes.

El Versículo Probable: Génesis 1:28

Es muy probable que la búsqueda de “mateo 1 28” sea un error de memoria, apuntando en realidad a Génesis 1:28. Este es uno de los versículos fundamentales de toda la Biblia, conocido como el “mandato cultural”.

El texto de Génesis 1:28 en la Nueva Versión Internacional dice: “Y los bendijo Dios con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo»”.

Este pasaje es la primera bendición y el primer mandato que Dios da a la humanidad. Analicemos sus partes.

”Sean fructíferos y multiplíquense”

Esta es la bendición de la vida. Dios no solo crea a Adán y Eva, sino que les da la capacidad de continuar la vida, de formar familias y de poblar el mundo. Es una expresión de la generosidad divina, un llamado a participar en la obra creativa de Dios.

Aunque su sentido principal es biológico, muchos teólogos a lo largo de la historia han visto aquí también un significado más amplio. Ser “fructíferos” puede interpretarse como el desarrollo de la cultura, el arte, la ciencia y la sociedad. Es un llamado a cultivar todo lo bueno y a expandir la presencia de la sabiduría y el orden en el mundo. [Link: El concepto de la imagen de Dios].

”Llenen la tierra y sométanla”

Llenar la tierra es la consecuencia natural de multiplicarse. La segunda parte, “sométanla” (o “sojuzgadla” en otras traducciones), ha sido objeto de mucho debate. ¿Significa una autorización para explotar los recursos sin límite? La mayoría de los eruditos bíblicos argumentan que no.

El verbo hebreo original, kavash, implica poner bajo control o administrar. Considerando el contexto del jardín del Edén, donde el ser humano fue puesto para “cuidarlo y cultivarlo” (Génesis 2:15), este sometimiento se entiende mejor como una responsabilidad de mayordomía. La humanidad recibe la tarea de ordenar, cuidar y desarrollar el potencial de la creación, no de destruirla. Es un llamado a gobernar el mundo como lo haría un rey sabio y benevolente, reflejando el carácter de Dios. [Link: La mayordomía cristiana de la creación].

”Dominen a los peces del mar…”

Esta parte del versículo refuerza la idea de mayordomía. El dominio (radah en hebreo) se refiere a la autoridad y responsabilidad sobre el reino animal. Nuevamente, no es una licencia para la crueldad, sino un encargo de cuidado. La humanidad está en la cima del orden creado en la Tierra y, por lo tanto, tiene la responsabilidad de asegurar su equilibrio y bienestar.

Este versículo establece una visión del mundo en la que los seres humanos son socios de Dios en el proyecto de la creación. Se les da dignidad, propósito y una tarea muy clara: cuidar del mundo y desarrollar una civilización que honre al Creador.

Conectando Mateo y Génesis

Aunque Mateo 1:28 no existe, la conexión accidental con Génesis 1:28 es interesante. Génesis 1 describe la primera creación, culminando con el mandato de la humanidad para cuidar y desarrollar el mundo. El capítulo 1 de Mateo describe el comienzo de una “nueva creación”.

El nacimiento de Jesús, el “segundo Adán” como lo llama el apóstol Pablo, marca el inicio de la restauración de esa primera creación que fue dañada por el pecado. [Link: Jesús como el nuevo Adán]. La misión de Jesús de “salvar a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21) es, en última instancia, el plan de Dios para restaurar todas las cosas, para que la humanidad pueda cumplir verdaderamente el propósito original establecido en Génesis 1:28: vivir en una relación correcta con Dios, con los demás y con la creación.

Así, una simple consulta sobre un versículo inexistente nos abre la puerta a dos de los capítulos más importantes de la Biblia. Uno que nos habla de nuestro propósito original en el mundo y otro que nos presenta al que vino a hacer posible que ese propósito se cumpla.