Al buscar en las Escrituras, es común que los números de los versículos se confundan. Una de esas búsquedas es “Hechos 3 28”. El capítulo 3 del libro de los Hechos de los Apóstoles concluye en el versículo 26, de modo que no existe un versículo 28 en este capítulo. Esta búsqueda es con frecuencia el resultado de un error tipográfico, y quien la realiza puede tener en mente otros pasajes que tratan temas similares de arrepentimiento, fe y el rol de Jesucristo.
La confusión ofrece una buena razón para profundizar en el mensaje central del capítulo 3 de Hechos y explorar los versículos que probablemente se buscaban, como Hechos 2:38 o Hechos 3:19.
El Mensaje en el Pórtico de Salomón
El capítulo 3 de Hechos se desarrolla en un lugar de gran actividad religiosa y social: el templo de Jerusalén. Los apóstoles Pedro y Juan se dirigían al templo para la oración de la tarde cuando se encontraron con un hombre, cojo de nacimiento, que pedía limosna en la puerta conocida como la Hermosa.
La Sanidad que Captó la Atención de Todos
La interacción que sigue es fundamental para el resto del capítulo. En lugar de darle dinero, Pedro se fija en él y, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, le ordena que se levante y ande. El hombre es sanado instantáneamente, y su gozo desbordante al entrar al templo caminando y alabando a Dios atrae a una multitud asombrada al Pórtico de Salomón.
Este milagro no es un fin en sí mismo. Funciona como la campana que llama al pueblo a escuchar un mensaje urgente. La sanidad sirve como una poderosa validación del poder que reside en el nombre de [Link: la vida y obra de Jesús], a quien el pueblo de Jerusalén había rechazado recientemente. La gente conocía al hombre. Habían pasado junto a él durante años. Su sanidad era innegable y preparó sus corazones para las palabras de Pedro.
El Sermón de Pedro
Con la atención de todos, Pedro no se atribuye el mérito. Inmediatamente dirige la gloria a Dios y a su siervo, Jesús. Su sermón es una proclamación valiente y directa, sin dejar de abrir una puerta hacia la redención.
Primero, Pedro confronta a la multitud. Les recuerda que ellos, por ignorancia, entregaron y negaron al “Santo y Justo”, prefiriendo que se les liberara un asesino. Utiliza un lenguaje fuerte, acusándolos de matar al “autor de la vida”. Sin embargo, esta confrontación no tiene como objetivo condenar, sino despertar su conciencia a la gravedad de lo que había sucedido en su ciudad.
Segundo, Pedro anuncia la vindicación de Jesús. Afirma que el mismo Jesús a quien mataron, Dios lo resucitó de entre los muertos, y los apóstoles son testigos de este hecho. El poder que sanó al hombre cojo es una manifestación del poder de este [Link: la resurrección de Cristo] resucitado, accesible a través de la fe en su nombre.
Finalmente, Pedro hace un llamado al arrepentimiento. Esta es la bisagra sobre la que gira todo el sermón. Reconoce que actuaron por ignorancia, pero esa ignorancia no anula la necesidad de una respuesta. Les ofrece un camino a seguir, una forma de rectificar su terrible error y alinearse con el plan de Dios que los profetas habían anunciado desde la antigüedad.
Versículos que Podrían Ser el “Hechos 3:28” Buscado
Dado que Hechos 3:28 no existe, lo más probable es que la búsqueda fuera un error, apuntando a versículos cercanos en número o en tema. Estas son las posibilidades más lógicas.
Hechos 2:38: El Llamado a la Acción del Pentecostés
Quizás la alternativa más probable sea [Link: el significado de Hechos 2:38 NVI], uno de los versículos más citados del libro de los Hechos. Después del sermón de Pedro en el día de Pentecostés, la multitud, compungida de corazón, le preguntó qué debían hacer. Pedro respondió:
«Arrepiéntase y sea bautizado cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo».
Este versículo es numéricamente similar y temáticamente paralelo al mensaje de Hechos 3. Ambos sermones confrontan al pueblo con su culpa en la crucifixión de Jesús y ambos ofrecen una solución clara: el arrepentimiento. Hechos 2:38 añade el bautismo como expresión externa de esa fe interna y la promesa del [Link: la promesa del Espíritu Santo] como un don para todos los que creen.
Hechos 3:19: El Corazón del Sermón de Pedro
Dentro del propio capítulo 3, el versículo que mejor encapsula el llamado a la acción es Hechos 3:19. Es la consecuencia lógica de la confrontación de Pedro. Después de exponer su pecado, les ofrece la solución:
«Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor».
Este versículo es el núcleo del mensaje de Pedro en el Pórtico de Salomón. La palabra “arrepiéntanse” (metanoesate en griego) significa un cambio de mente, una reorientación completa de la vida. “Vuélvanse a Dios” (epistrepsate) implica un giro de 180 grados, alejándose del pecado y volviéndose hacia Él.
La promesa que acompaña este mandato es notable: “tiempos de descanso” o “refrigerio”. Después del peso de su culpa, Pedro les ofrece alivio y restauración. Este no es solo un perdón forense, sino una renovación espiritual profunda que viene de la presencia del Señor.
Hechos 3:26: La Conclusión Profética
El capítulo termina con el versículo 26, que sirve como resumen de todo el sermón de Pedro y lo enraíza en la historia de Israel.
«Cuando Dios resucitó a su siervo, lo envió primero a ustedes para darles la bendición de que cada uno se convierta de su maldad».
Aquí, Pedro conecta la misión de Jesús directamente con el [Link: el pacto de Abraham]. El “siervo” resucitado es la culminación de la promesa de Dios a Abraham. Es significativo que la bendición no se define como prosperidad material, sino como conversión: la transformación del corazón humano es la mayor promesa del pacto.