Quien busca Hechos 1:28 se encuentra con un dato textual sencillo: el capítulo 1 de Hechos concluye en el versículo 26. No existe un versículo 28 dentro de este capítulo. La consulta, con toda probabilidad, apunta a los eventos que culminan al final del capítulo, específicamente la elección de un nuevo apóstol para reemplazar a Judas Iscariote.
Este pasaje final de Hechos 1 ocupa un lugar decisivo en la historia de la iglesia primitiva. Se sitúa en una coyuntura particular: después de la ascensión de Jesús y justo antes del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés. Los apóstoles, guiados por Pedro, sienten la necesidad de restaurar su número a doce, un número de gran significado simbólico en la historia de Israel.
La Necesidad de Reemplazar a Judas
La traición de Judas dejó una herida profunda en el grupo de los doce. No fue simplemente una vacante numérica; fue una ruptura en el fundamento mismo del liderazgo que Jesús había establecido. Pedro, asumiendo un rol de liderazgo, se dirige a la comunidad de unos ciento veinte creyentes. Basa su argumento en las Escrituras del Antiguo Testamento, citando los Salmos para explicar que la desolación de Judas y la necesidad de que otro tome su oficio habían sido anticipadas.
Pedro argumenta que el sucesor debe ser alguien que los haya acompañado durante todo el ministerio terrenal de Jesús. El requisito era claro: el nuevo apóstol debía haber sido testigo presencial de la vida de Cristo, desde su bautismo por Juan hasta su resurrección y ascensión. Esto era esencial porque el rol principal de un apóstol era ser un “testigo de su resurrección” ([Link: Hechos 1:22 /nvi/]). La resurrección era el pilar central de la predicación apostólica, el evento que validaba la identidad y la obra de Jesús.
Los Candidatos: José y Matías
La comunidad presentó dos candidatos que cumplían con estos estrictos requisitos: “a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías” ([Link: Hechos 1:23 /nvi/]). La Escritura no nos da más información sobre estos dos hombres, aparte de que eran seguidores fieles que habían estado presentes a lo largo del viaje de Jesús.
Que hubiera dos hombres calificados demuestra que la fidelidad no se limitaba al círculo de los doce originales. Había un grupo más amplio de discípulos devotos. José, con sus dos sobrenombres, “Barsabás” (hijo del Sábado o hijo del juramento) y “Justo” (un título que denota rectitud moral y religiosa), parece haber sido una figura muy respetada. De Matías, cuyo nombre significa “don de Yahweh”, no se sabe nada más. Ambos eran considerados dignos de ocupar el lugar dejado por Judas.
La Oración y la Elección por Suertes
Ante esta decisión, los apóstoles no confiaron en su propio juicio. Primero, se volvieron a Dios en oración. Su oración es un modelo de dependencia y sumisión. Reconocen la soberanía de Dios, dirigiéndose a Él como el “Señor, que conoces el corazón de todos” ([Link: Hechos 1:24 /nvi/]). No le piden a Dios que bendiga su elección, sino que le piden que revele la elección que Él ya ha hecho. Piden a Dios que muestre “cuál de estos dos has escogido tú”.
Después de la oración, procedieron a “echar suertes”. Este método puede parecer extraño a los lectores modernos, que lo asocian con el azar o el juego. En el contexto del Antiguo Testamento, sin embargo, echar suertes era una forma establecida de discernir la voluntad de Dios en decisiones importantes, siempre que se hiciera en un contexto de oración y fe. El libro de Proverbios afirma: “Las suertes se echan en el regazo, pero el resultado depende del Señor” ([Link: Proverbios 16:33 /nvi/]). Era una manera de eliminar la preferencia humana y confiar radicalmente en la dirección divina.
La suerte cayó sobre Matías. El texto concluye de manera sencilla: “y fue contado con los once apóstoles”. Con esta acción, el número de los apóstoles fue restaurado a doce antes del evento transformador de Pentecostés.
El Significado del Duodécimo Apóstol
¿Por qué era tan importante restaurar el número a doce? El número doce tiene una profunda resonancia simbólica. Representa al pueblo de Dios en su totalidad, reflejando las doce tribus de Israel. Al restaurar este número, los apóstoles estaban haciendo una declaración teológica: la iglesia no era una secta nueva, sino la continuación y el cumplimiento del plan de Dios para Israel. Ellos eran ahora los líderes del nuevo Israel [Link: El papel del Israel del Antiguo Testamento], la comunidad mesiánica reunida en torno a Jesús.
Este evento también marca un punto de transición. Es la última vez registrada en la Biblia que se utiliza el método de echar suertes para discernir la voluntad de Dios. Después de la venida del Espíritu Santo en el capítulo siguiente ([Link: Hechos 2 /nvi/]), la guía de Dios se manifiesta de una manera más directa e interna a través del Espíritu que mora en los creyentes. La toma de decisiones en el resto del libro de los Hechos es guiada por la dirección del Espíritu, la profecía, la sabiduría comunitaria y el consejo apostólico.
La búsqueda de Hechos 1:28 nos lleva directamente al corazón de un momento definitorio para la iglesia primitiva. Nos muestra una comunidad de creyentes que, en un momento de incertidumbre, se aferra a la oración, a las Escrituras y a una profunda confianza en la soberanía de Dios para guiar sus pasos. La elección de Matías no fue un mero acto administrativo; fue un acto de fe que preparó el escenario para la explosión evangelística que estaba a punto de comenzar.